Dejar huella

Escribí ya hace tiempo mi tesis final sobre Graffiti, o mejor dicho, sobre los tags, o sea las abreviaturas que eligen los writers (¿en español graffiteros/ sprayer?).
Dejar tu tag en muchos lugares o en lugares claves significa para un sprayer hacerte conocido y ganarte el respecto de los otros sprayers. En términos más abstracto es el poder de reclamar un territorio y con eso una cierta identidad y cierto estatus social. El filosofo Jean Beaudrillard dice en el ensayo Kool Killer sobre los tags que territorialicen el espacio decodificado urbano y con eso lo recodifican y lo transforman en territorio colectivo (o mejor dicho de su colectivo, porque a los sprayers no le interesa ni un bledo que piensa la gente que no entiendo su juego). En ese espacio colectivo “luchan” su batalla diaria por el respecto de lo demás. La idea principal es que por dejar tu graffiti en lugares difíciles de llegar o en muchos lugares a la vez, podías hacerte un nombre. Si “mejor” dibujas las letras, más respecto recibes (se que es muy difícil distinguir entre un graffiti bueno o un graffiti malo si no perteneces a este mundillo. En mis entrevistas con la policía me hizo mucha gracia que ellos si lo sabían distinguir e incluso lo valoraron justamente igual que los sprayers que también entrevisté). Una vez que entiendes ese sistema, vas con otra mirada por las calles – un sprayer me dijo que esta leyendo en las murallas como en un libro y otro que Berlín era un alfabeto gigante.
Cuando empecé ojear los blogs me di cuenta de que muchos nombres reaparecieron en las discusiones y que empiezas a reconocer a la gente sin conocerlas y sin que ellos sepan algo de ti. Eso me recuerdo mucho al Graffiti, aunque es cierto que se distinguen en aspectos fundamentales (sobre todo en referencia a la violencia). Pero no excluyo que lo del dejar huellas, lo del hacerte visible es, a parte del encanto al debate, también un estimulo fundamental en la blogosfera.

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